Trabajar con harina no significa que respirar su polvo deba ser una parte inevitable de tu jornada.
Las personas que pesan, dosifican, amasan, espolvorean manualmente o limpian pueden estar expuestas. Quienes trabajan cerca también pueden entrar en contacto con la harina en suspensión, aunque no la manipulen directamente.
La exposición repetida puede contribuir a la sensibilización respiratoria, la rinitis y el asma laboral.
Síntomas como los pitidos al respirar, la falta de aire, la irritación nasal o la dificultad para respirar no deberían restarse importancia como si fueran parte normal del trabajo en panadería.
Tu trabajo puede implicar harina. El aire que respiras también debería tenerse en cuenta.
No esperes a que se dé un caso de asma del panadero para revisar la exposición al polvo de harina.
Los empleadores necesitan saber dónde se genera el polvo de harina, quién puede estar expuesto y si los controles actuales funcionan de forma eficaz. Que no haya quejas del personal no significa necesariamente que el riesgo esté controlado.
No evaluar ni controlar la exposición al polvo de harina en suspensión puede dar lugar a requerimientos oficiales y, según las circunstancias, a sanciones por prevención inadecuada de riesgos laborales. Actuar con antelación ayuda a proteger al personal y a demostrar que la exposición al polvo de harina se evalúa y gestiona de forma adecuada. Además, los restos de harina acumulados en filtros y superficies pueden favorecer la proliferación bacteriana – un punto a tener en cuenta de cara al APPCC, sin que ello suponga ningún conflicto con certificaciones alimentarias existentes como IFS o BRCGS.
El polvo de harina también puede depositarse en maquinaria, equipos y superficies, lo que aumenta la carga de limpieza y mantenimiento. Reducir el polvo en suspensión protege a las personas y favorece un entorno de producción más limpio y controlado. Descubre los retos de calidad del aire en las panaderías y lo que pueden suponer para tu instalación.







